En memoria de Fernando Jiménez Mazo

En las postrimerías del pasado mes de Septiembre nos dejaba para siempre nuestro especial amigo y compañero el Médico Psiquiatra Fernando Jiménez Mazo.

Resulta difícil asimilar que una persona tan vital, plena de energía, inmerso hasta última hora en su actividad profesional, con varios proyectos todavía en perspectiva en el futuro devenir de su profesión, nos haya abandonado. Escasos días antes de su fallecimiento su familia me comunicó su ingreso en un Hospital de esta ciudad, en el que paradójicamente en su día él había trabajado como médico psiquiatra.

Sabía que deseaba recibir visitas de familiares y amigos y pronto comprobé que la puerta de la habitación del hospital donde se encontraba, resultaba absolutamente expedita ante cualquier visitante. Por él supe la naturaleza de su dolencia y cómo después de un período breve de molestias inespecíficas la situación clínica se había agravado. En ningún momento perdió su compostura, ni su exquisita cordialidad, tampoco sus habituales maneras educadas de saludo acogedor y afectuoso. Su discurso seguía siendo tan cuidado y culto como siempre, únicamente el tono de su voz, algo más apagado de lo habitual, dejaba entrever la verdadera significación de su dolencia. Hasta pocos días antes, me comentó, había estado trabajando mañana y tarde atendiendo a los pacientes de su consulta.

Le insistí en la pertinencia o no de seguirle visitando en el hospital, pensé, dado su estado y las molestias que pudieran sobrevenirle, a lo que me contestó rápidamente: que “Como siempre”, afirmándose en que la relación entre nosotros de tantos años no precisaba tanta consideración y cuidado por mi parte. Desgraciadamente la celeridad de su empeoramiento clínico no dio ocasión a ulteriores visitas hospitalarias.

Conocí a Fernando a mitad de la década de los años 1960-70, cuando él todavía era un bisoño estudiante de Medicina, que como otros, se había interesado precozmente por la especialidad de Psiquiatría ya que por entonces los alumnos de esta asignatura hacían prácticas en el Sanatorio Psiquiátrico Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, dependiente del Patronato Nacional de Asistencia Psiquiátrica (PANAP), a cuya plantilla yo por entonces pertenecía. Pronto se integró, como alumno, en las actividades de un hospital psiquiátrico de crónicos, de estancias muy prolongadas, y contadas, por escasas, sus altas hospitalarias. Bien es verdad que la mayor parte de aquellos pacientes eran como un libro abierto de Psiquiatría, a disposición de quien necesitara hacer una incursión en vivo en la psicopatología general, pilar básico y fundamental en la formación psiquiátrica.

Por entonces ya Fernando apuntaba firmeza en la orientación que parecía haber elegido y los rasgos de su personalidad abonaban igualmente este criterio. Generoso, leal con los amigos y sobre todo con los pacientes, disfrutaba con su trabajo y con cualquier aspecto que la vida le fuera deparando. Muy inquieto culturalmente, le interesaron siempre las artes y las letras, hasta el punto que llegaría a estudiar varios cursos en la Facultad de Letras de Zaragoza. Apasionado de la lectura, el cine y sobre todo del teatro, no solo como espectador, sino también como actor aficionado. Esto último le permitió colaborar en algunas compañías de las artes escénicas de Zaragoza de reconocido prestigio en nuestra ciudad. Consumidor recurrente de periódicos, compraba todas las semanas distintos ejemplares, nunca se conformaba con una única información u opinión editorial, llevado por su deseo de estar absolutamente bien informado de todo acontecimiento social o político, que sucediera en su entorno. Disponía de una rica vivencia interior, pero allende a la misma su solidaridad y compromiso también existía hacia otras personas, sobre todo con los más débiles o necesitados. ¿y quién podía serlo más que aquellos enfermos graves, afectados por su trastorno psiquiátrico y por el prolongado hospitalismo, que deambulaban eternamente por las galerías del viejo manicomio?. Refinado en sus gustos y maneras rendía un especial culto a la comida sin rehuir jamás una prometedora propuesta gastronómica.

Con estos mimbres personales se fue iniciando en la Psiquiatría de entonces apostando por una clara inmersión en “la locura”, Pronto descubrió que ésta rara vez es completa y que bajo el manto de la enfermedad mental crónica y grave se suelen esconder interesantes personalidades, que sienten y padecen como el resto de los mortales. Supo contactar con la parte sana del enfermo mental a fuerza de convivir muchas horas con él. También se valió de sus conocimientos de teatro para aplicarlos como terapia en sus tratamientos. Estoy convencido que esta incipiente etapa de su vida profesional la llevó siempre en el corazón y la tuvo muy presente en su ejercicio, tratando de comprender a la persona enferma en su totalidad por muy incomprensible que pudiera parecer en principio. Ello le acercó al Psicoanálisis del que también fue deudor, centrándose en los últimos años de su actividad en la psicoterapia. Se encontraba especialmente cómodo en la de grupo, que procuró aplicar en las distintas instituciones asistenciales por las que pasó.

Fue interno pensionado en La Cátedra de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de Zaragoza y médico residente del Hospital Psiquiátrico de nuestra ciudad. Acabada su formación se incorporó como médico adjunto a los Hospitales Psiquiátricos de Zaragoza, Logroño y Reus. Fue Director de los Hospitales Infanto –Juvenil de Teruel y Zamora. Igualmente Funcionario por Oposición y Jefe de Servicio y después Director del Hospital Psiquiátrico de Huesca.

Su inquietud profesional y su deseo de pulsar la asistencia psiquiátrica fuera de nuestro país le llevó a trabajar varios años en Francia como médico psiquiatra del Centro Hospitalario Sainte Marie de Rodez. Incorporado con posterioridad a Zaragoza se reintegró como psiquiatra a los hospitales Royo Villanova y Provincial, jubilándose en este último centro.

Actualmente era miembro de La Junta de la Asociación de Psicoanálisis y Psicoterapia (AAPIPNA) y acreditado por FEAP como psicoterapeuta. Pertenecía igualmente a la Asociación Española de Neuropsiquiatría y a la Sociedad Aragonesa Riojana de Psiquiatría Le gustaba la enseñanza y transmitir su experiencia y reflexiones a otras personas, plasmando esta actitud como Profesor de las Escuelas de Enfermería de Logroño y Huesca.
Su elenco de Conferencias y Publicaciones es numeroso y sobretodo variado abarcando temas de Medicina, Arte en General, Pintura, Música y Psicobiografías.

Por último me gustaría constatar en el recuerdo y en la memoria del amigo fallecido, que en unos tiempos en los que la psiquiatría discurre con el riesgo de una simplificación excesiva, atrapada por los rigores de las clasificaciones diagnósticas internacionales y del monopolio de la organicidad, resulta alentador contemplar la trayectoria profesional de Fernando que nunca abandonó los conceptos psicopatológicos clásicos, que adquirió de un modo teórico y práctico en sus primeros años de formación y que amplió con su acercamiento a la psicoterapia, único medio en definitiva de llegar a la persona enferma en profundidad y a la parte más humana de ella.

Me faltan palabras para expresar mi condolencia a Teresa, su mujer, y decirle algo que mitigue su dolor. Me limitaré silenciosamente a acompañarla en su pesar. De todos modos las personas que se van no lo hacen del todo porque dentro de nosotros permanecerá su “Imago”, una impronta, como es el caso de Fernando, que nos ayudará a seguir viviendo y ser cada día mejores. Y mi pésame igualmente a sus hijos, a los que conozco de pequeños:

Fernando, Matilde; Gabriel y Marcos.
Zaragoza a 17 de octubre de 2016
Roberto Salvanés Pérez. Médico Psiquiatra 

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Triste noticia

Queridos compañeros:
Nos dirijimos a todos vosotros para haceros partícipes con hondo pesar del fallecimiento de nuestro conocido y querido compañero Fernando Jiménez Mazo el pasado viernes 30 de Septiembre. Esta mañana nos despedimos de él en un acto muy emotivo en el cementerio de Torrero, Zaragoza.
Un apreciado compañero, excelente profesional de la Salud Mental, hombre culto e inteligente y de una calidad humana extraordinaria que colaboró de modo muy activo aportando siempre ideas fecundas y pensamiento crítico en todos los espacios formativos y clínicos de AAPIPNA. Muchos de vosotros tuvisteis el placer de contar con sus aportaciones bien como compañero o como profesor de seminarios en nuestra institución.
Profesional de dilatado recorrido en el campo de la psiquiatría y de la psicoterapia institucional, su formación amplia desde los diversas vertientes de las ciencias humanas hacía de sus aportaciones siempre una referencia ineludible que no dejaban de convocarnos al pensamiento y la reflexión. Conocida era su afición y deleite por las creaciones humanas en el campo de la música y de la gran pantalla y su deseo de investigar en ese campo el fenómeno creativo y a aquellos humanos que lo hacen posible.
Sus comienzos de andadura junto a Francesc Tosquelles en Reus lo hacían un gran conocedor de la psicoterapia institucional enriquecido posteriormente por su trabajo como psiquiatra en el sur de Francia. Su dedicación en diversos puestos en la sanidad pública, en varias comunidades autónomas y en múltiples cargos en Aragón, lo hacían sabedor del contexto sanitario local en Salud Mental tanto como para que luego de su jubilación de los Servicios públicos se lo convocase a formar parte del grupo de expertos que intentan colaborar en la mejora de los mismos.
Para los que lo conocimos de cerca no olvidaremos su espíritu vivaz e inquieto, su implicación profesional con el sufrimiento humano, su siempre presta colaboración con los proyectos innovadores, ni su aprecio sincero y comprometido con sus amigos.
Nos despedimos de Fernando con profunda tristeza pero con el honor de haber compartido con él inolvidables momentos que perdurarán en nuestra memoria.
Un saludo a todos,
LOS COMPAÑEROS DE AAPIPNA